“Tenemos que tener en cuenta que las remuneraciones variables tienen un lado positivo y un lado negativo. Muchas veces se las usa, sobre todo en esquemas comerciales, como un incentivo para que las personas vendan o actúen en función de determinados objetivos, utilizando el premio económico como motivador. El problema aparece cuando el premio económico se instala como principal motor, porque factores como el sentido de pertenencia, el compromiso, la colaboración del equipo o la admiración por el líder empiezan a ceder, al ser reemplazados por el objetivo monetario. Sin darnos cuenta, comenzamos a construir una cultura más mercenaria, aunque la palabra suene dura, donde cada vez se necesita más reconocimiento económico para motivar. Por eso es clave analizar bien antes de implementar un sistema de remuneración variable y, una vez implementado, asumir que el premio económico pasa a ser la primera variable de motivación. En ese contexto, todos los objetivos de la empresa deben quedar claramente alineados con lo variable, porque de lo contrario las personas sólo van a considerar importantes aquellos objetivos, aspectos o expectativas del líder que tengan impacto directo en su premio económico o en su bono.”
