La Queja, la Indignación y la Susceptibilidad

La queja como máscara inmóvil

Muchos se quejan para disimular que, en el fondo, lo que les conviene es que nada cambie. La queja funciona como una máscara: hace quedar como responsable, justifica bajo rendimiento y evita asumir el costo real de producir un cambio. Por eso es una pseudo-responsabilidad, muy similar a la crítica.

La indignación bloquea el rol

No corresponde indignarse frente a aquello en lo que el propio rol es aportar luz o valor. La indignación bloquea la tarea central. Así como un cardiólogo no se indigna porque su paciente fume, sino que acepta esa realidad y acompaña el proceso de cambio, el rol exige calma y capacidad de gestión.

La susceptibilidad como miopía emocional

La susceptibilidad es una forma de miopía. Impide ver que toda situación tiene más de una lectura. Antes del enojo, conviene considerar no solo las razones que chocan con las propias, sino también las razones del otro y, muchas veces, las buenas intenciones que pueden estar atrás de lo que incomoda y no se está logrando ver.

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