“En los desencuentros, por lo general aparece la idea de que el otro tiene que hacer algo. Partimos del supuesto de que puede hacerlo y, si no lo hace, es porque no quiere. Sin embargo, en la mayoría de los casos nos cuesta aceptar que el otro no puede: no tiene los conocimientos, las capacidades, los recursos, la energía o la motivación necesarios para hacer eso que creemos que debería hacer. Entender esto cambia la forma en que leemos los conflictos y abre espacio a soluciones más maduras.”
