“Te definís por lo que hacés, no por la reacción de los demás. Registrá al otro y su respuesta, porque eso es clave para la empatía y la alteridad, pero dejá que lo que te defina, lo que considerás bueno, sea tu comportamiento y tu actitud.
Así podés fluir, algo que solo ocurre si te sentís en control; la reacción del otro, en cambio, siempre tiene un grado de descontrol, desconfianza y posible parálisis.
Si el otro no reacciona bien y tu actitud fue buena —entendida como la que te hubiera gustado recibir—, entendé que esa mala reacción, en principio, habla de alguna limitación del otro.”
