“A veces creemos que para tener algo bueno tenemos que soportar inevitablemente cosas malas. Esa idea nos hace perder de vista que algo es realmente bueno sólo si, en lo esencial, no viene acompañado de lo negativo, sobre todo de malos tratos o malas actitudes. Si aquello que queremos supone aguantar maltrato, destrato o cualquier forma de desvalorización, tenemos que repensar si eso es verdaderamente bueno.
Siempre tendríamos que aspirar a que lo bueno haga que todo lo que conlleva vivirlo o sostenerlo también sea agradable. En la medida en que eso “bueno” trae cosas que nos irritan, nos tiran para abajo o nos descalifican, conviene sacrificar ese pequeño bien. Al final del día, la carga negativa termina siendo mucho más dañina. No tenemos que naturalizar lo malo como el costo de lo bueno: lo verdaderamente bueno no viene acompañado de nada que irrite el corazón ni agrie el espíritu.”
