«Te enojás con quien te desespera porque te hace sentir impotente y, en el fondo, dependiente. No te enojás con cualquiera: te enojás con aquel de quien dependés.»
«Si no sabés valorar el perdón, el enojo ocupa todo el espacio. La bronca te mantiene tomado y no te deja registrar el gesto del otro. Mientras seguís reaccionando desde ahí, el perdón pasa de largo, aunque esté ofrecido.»
«Sos responsable de analizar las consecuencias de tu enojo. Hacerte cargo de eso es el primer paso para revisar tus decisiones y el impacto que generan.»
«Es torturante no saber si hacemos las cosas porque realmente las queremos o si las hacemos para evitar el enojo del otro, para tranquilizarlo o para sostener una paz que no nace de nosotros.»
«Atrás del enojo econtramos impotencia, frustración y desesperación»
