“En la dimensión laboral o de negocios estamos arriba o abajo de la línea de flotación. Si aprendimos a nadar —es decir, a generar valor y a hacerlo valer— nos volvemos autónomos y podemos disfrutar del trabajo, con la tranquilidad de que, aunque interactuamos con otros, no dependemos de ellos. Eso nos vuelve primus.
Si no aprendimos a nadar y nuestra supervivencia depende de una persona o de una organización, quedamos abajo del agua: asfixiados, sin disfrute, atrapados en la queja, la impotencia y la insatisfacción; ahí somos secundus.
Saber nadar es saber vender nuestro valor de manera autónoma. De esa habilidad se desprenden muchas otras y es la que nos da la libertad necesaria para disfrutar la dimensión generadora de la vida.”
