A veces intentamos monetizar una idea para compensar aquello que no logramos monetizar: una capacidad que sentimos poco desarrollada. El verdadero secreto está en trabajar sobre el desarrollo de esa capacidad, porque es lo único verdaderamente sustentable. Las ideas pueden ser copiadas, cuestionadas o volverse obsoletas; son perecederas. La capacidad, en cambio, permanece, crece con el tiempo y te vuelve alguien necesario y claramente crítico. Por eso, enfocarse en la capacidad es lo que, de verdad, construye valor sostenible.
